
A los poetas vi
elevando salmos a la noche
incinerando liturgias
deglutiendo comensales hacia
la madrugada
con lagañas de eternidad
lágrimas petrificadas
A los poetas vi
lavarse la cara en lago extinguido
después
elevando el poniente
los vi calcinados entrar al templo
donde resplandores metálicos
intermitentes
rabiosos
esperaban para degustarlos
según supe
en honor a mercaderes ebrios
ebrios de soledad
bañados en semen
repartiendo vino
bautizando un tiempo de reinado
con la sonora trompeta del olvido
y la atroz carreta
para el ultimo paseo de los desahuciados.
A los poetas vi
con apestosos trajes
con tajos en las plantas
recorrer descalzos
una enorme planicie de salmuera
revocando dioses de orfrebreria
herrumbres y barros desteñidos.
A los poetas vi
trasponiendo puertas
ataviados de demonios
con flagimeras plumas
atravesando ángeles castos.
A los poetas vi
vigilantes
terrenales
así vi.
EL OFICIOSO DISCURRIR
de este lamentable Cabo-Lápiz
trémulo ante la presencia de tanta
ausencia
que lucha con este corazón disecado
fiebre de estos tiempos.
Quien no habla de astucias
no es humano.
Quien no escupe su carcajada
no es humano.
Quien traiciona
es rey y no zozobra.
Quien espanta
temor obtiene.
El moribundo bebe zozobrante
y sed implacable lo extermina.
El rey hace convite de sus alfiles
y los peones zozobran.
El oficioso discurrir
de este lamentable Cabo-Lápiz.
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